Armando Fuentes Aguirre
Los habitantes de Roma tienen una costumbre de año nuevo. El primer día de enero arrojan a la calle un objeto viejo, inútil y gastado: la plancha que ya no sirve; el televisor descompuesto; la escoba que con el uso se acabó...
Esa costumbre encierra un simbolismo. Se trata de comenzar el año sin todo lo que nos estorba, sin el lastre de lo que ya pasó.
Eso mismo quisiera yo hacer: ponerme frente a mi ventana y echar a la calle el peso inútil de los malos sentimientos. De ese modo podría empezar una nueva etapa sin esas turbiedades interiores que nos impiden estrenar vida al mismo tiempo que estrenamos año.
Me gustaría arrojar a la calle esos trastos inútiles, y que un viento renovador se los llevara. Si hiciera eso quizás el nuevo año me daría un abrazo al encontrarme y me diría con una gran sonrisa:
-¡Feliz hombre nuevo!
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