miércoles, 13 de mayo de 2015

¿Suerte, destino, casualidad?

Gaby Vargas


Hay llamadas del alma que salvan la vida.

Corrían los inicios de los años 1960, cuando Antonio se citó con su amigo Juan José en el bar del restaurante de moda en la Zona Rosa, llamado La Ronda, para tomar juntos una copa después de trabajar. Mientras charlaban, Antonio sintió algo e interrumpió a su amigo:

- "Permíteme tantito, tengo que hacer una llamada", le dijo, y se dirigió a un teléfono público que funcionaba con una moneda de 20 centavos y se localizaba a unos cuantos metros del lugar.

Mientras marcaba el número, escuchó una explosión que salía de la cocina del restaurante y vio que invadía la zona de la barra. Antonio se quedó perplejo al percatarse de que el fuego alcanzaba el lugar en donde él se encontraba segundos antes.

Era una explosión de gas, en la que su amigo Juan José murió trágicamente junto con otros parroquianos.

Todos conocemos alguna historia como la anterior, en la que la intuición, el presentimiento o algo inexplicable nos lleva a saber cosas que no se sabe por qué se saben.

- "Supe que algo no estaba bien con mi hijo de dos años que jugaba con sus primos; fui a verlo y en ese momento se estaba ahogando con una canica que pude sacarle de inmediato", me cuenta Verónica. ¿Suerte, destino, casualidad?

A esta clase de "coincidencias" se les llama intuición, a la que diccionario define como: "Facultad de conocer, o conocimiento obtenido, sin recurrir al razonamiento; percepción clara, íntima, instantánea de una idea o verdad, como si se tuviera a la vista y sin que medie razonamiento".

Einstein decía que "la intuición es lo único que realmente vale". Quizás a lo que Einstein se refería es a que ese sexto sentido está anclado en lo más profundo del ser humano, aunque en la mayoría de nosotros se encuentre dormido.

Tiene que ver con el saber del alma, con un saber que nos revela que hay algo más grande y misterioso que impulsa nuestra vida.

La ciencia concuerda en que el universo es un cúmulo de energía que se interconecta; desde la más densa y sólida como las piedras, hasta la más sutil, como el latido de nuestro corazón o las vibraciones que emanamos y percibimos de otros.

Todo pulsa con vibraciones, y en el estado natural y sano de las cosas hay un flujo de sincronía universal.

Es por esto que físicamente influimos unos en otros como constantes estaciones de radio que emiten información. Esto nos convierte en torres transmisoras y transductoras de energía, queramos o no.

Ésta es la razón por la que las mariposas monarcas migran cada año por la misma ruta sin conocer por anticipado su destino; la razón por la que los peces nadan hacia arriba y contracorriente, y por la que los osos hibernan. Todo en la naturaleza se desarrolla para su propio bien.

La revelación intuitiva es un regalo natural en el ser humano; ése es nuestro privilegio y puede darse en cualquier momento. Se manifiesta mediante palabras, imágenes, sentimientos o sensaciones viscerales.

Sólo que para que el ser humano pueda comprenderla con mayor claridad requiere de un trabajo personal, de confianza, que le permita reconocerla y escucharla.

Una vez que aprendes a confiar en las señales que tu cuerpo te envía, comenzarás a apreciar la información que recibes, no sólo acerca de lo que sucede a tu alrededor sino en tu cuerpo.

Escúchalo, por ejemplo, si cuando vas a cierto lugar sientes un dolorcito en el estómago, o si te agotas cuando estás con determinada persona, tal vez se trate de llamadas que pueden salvar tu vida.

martes, 12 de mayo de 2015

Un bel morir

Jorge Volpi

Morir no es tarea sencilla, como sabían los antiguos. Y en nuestra época continúa sin serlo: pese a los avances médicos y tecnológicos, y en ocasiones a causa de ellos, pocas veces se alcanza esa "dulce muerte" -en el sueño- o esa muerte súbita que la mayor parte de los vivos anhelamos. Por el contrario, un alto porcentaje de la población de las naciones avanzadas, y uno significativo en países como México, termina sus días en hospitales o clínicas tras largas semanas o meses de agonía, o en "casas de retiro" para ancianos, sometidos no sólo a los peores dolores sino a la indignidad de una vida inútil o a cargo de los otros.

Como escribe Atul Gawande en Being Mortal: Medicine and What Matters in the End (2015): "Para la mayor parte de la gente, la muerte sobreviene sólo después de una larga lucha médica contra una condición a fin de cuentas insalvable -cáncer avanzado, demencia, enfermedad de Parkinson, una falla progresiva de los órganos (por lo general el corazón, seguido en frecuencia por los pulmones, los riñones y el hígado)-, o bien la debilidad acumulada por la vejez. En estos casos, la muerte es segura, pero el tiempo no lo es. De modo que cada uno lucha contra esta incertidumbre, con el cómo, y cuándo, aceptar que la batalla está perdida".

La muerte de mi padre hace casi ocho meses, tras años de dolor y paulatina pérdida del sentido de la vida, no ha hecho sino afianzarme en una convicción muy antigua: entre los derechos humanos consignados en las legislaciones globales y locales tendría que incluirse por fuerza el derecho a la propia muerte. A decidir cómo y cuándo morir, si el azar no indica otra cosa. El derecho al suicidio, sí, pero en especial el derecho a la muerte asistida, a la eutanasia.

Por desgracia, en pleno siglo XXI seguimos a la sombra de una oscura moralidad judeocristiana según la cual la vida es sagrada y hay que conservarla, como un regalo de Dios, hasta las últimas consecuencias, es decir, hasta que Éste decida, en un postrer acto de gracia, arrancarnos de nuestros sufrimientos.

Durante largo tiempo la Iglesia consideró el suicidio como el peor de los pecados, al grado de negar la sepultura a quien se atreviera a cometerlo, y la muerte asistida y la eutanasia continúan teniendo algunos de sus mayores detractores entre los religiosos.

La eutanasia activa -es decir, la muerte provocada por el médico en casos extremos- sólo es legal en Bélgica, Holanda, Luxemburgo y, en algunos casos, en Colombia; la eutanasia pasiva -que sólo elimina los tratamientos para prolongar artificialmente la vida- se ha extendido a más lugares y, en nuestro país, ya se admite en el Distrito Federal, Aguascalientes y Michoacán; por último, la muerte asistida o suicidio médicamente asistido (PAS, por sus siglas en inglé
s) se encuentra regulado en Suiza, Alemania, Albania, Japón y en Oregon, Montana, Washington, Nuevo México y Vermont en Estados Unidos.

No encuentro una sola razón por la cual impedir que los adultos puedan determinar las condiciones en que sus vidas se les tornan invivibles: ¿qué caso tiene prolongar la agonía de un ser querido, o negarle la sustancia que podría acortar su sufrimiento o, cuando éste ya no es capaz de decidirlo por sí mismo, determinar que un médico haga lo necesario para acabar con su días?

Particularmente iluminadora me resultó la reseña de Marcia Angell al libro de Gawande publicada en The New York Review of Books. En ella, ésta cuenta que su marido, Arnold Relman, médico como ella, siempre estuvo a favor de la muerte asistida. Pero cuando enfermó de un severo melanoma que disminuyó enormemente sus facultades mentales, se vio imposibilitado para solicitarla, por lo que debió morir en medio de grandes dolores. Tras esta experiencia, la doctora Angell se confiesa ahora no sólo como una decidida abogada de la muerte asistida, sino de la eutanasia, convencida de que esa hubiese sido lo decisión de su marido.

En muchos sentidos continuamos bajo los parámetros morales de la Edad Media. Pero la vida no es un don divino, sino lo único y más valioso que tenemos. Un mínimo reconocimiento a nuestra razón, a nuestra capacidad de conferirle sentido a nuestros días (y a dejar de hallárselo), así como a nuestra dignidad humana, tendría que pasar porque se reconozca legalmente nuestro derecho a buscar ese bel morir decidido por nosotros o, en caso extremo, a que un médico compasivo nos arranque del dolor.

lunes, 9 de febrero de 2015

11 frases inspiradoras de mujeres que hicieron historia


1. “Nadie puede hacerte sentir inferior sin tu consentimiento”, Eleanor Roosevelt


2. “La vida es corta… sonríele a quien llora, ignora a quien te critica y sé feliz con quien te importa”, Marilyn Monroe


3. “Si obedeces todas las reglas, te perderás de toda la diversión”, Katharine Hepburn


4. “Cualquier mujer que entienda los problemas de llevar una casa está muy cerca de entender los de llevar un país”, Margaret Tatcher


5. “Pies, para qué los quiero si tengo alas para volar”, Frida Khalo


6. “La paz comienza con una sonrisa”, Madre Teresa de Calcuta


7. “Ser intelectual crea muchas preguntas y ninguna respuesta. Puedes llenar tu vida con ideas pero aun así irte solo a casa. Todo lo que realmente necesitas son sentimientos”, Janis Joplin


8. “Uno no puede pensar bien, amar bien, dormir bien, si no ha comido bien”, Virginia Woolf


9. “¡De cuántas preocupaciones nos desprendemos cuando decidimos dejar de ser algo para ser alguien”, Coco Chanel


10. “Usted no puede esperar construir un mundo mejor sin mejorar a las personas. Cada uno de nosotros debe trabajar para su propia mejora”, Marie Curie


11.“Cuando una puerta de la felicidad se cierra, otra se abre. Pero solemos quedarnos mirando a la puerta cerrada por tanto tiempo, que no vemos la otra que se ha abierto para nosotros”, Hellen Keller



lunes, 26 de enero de 2015

Guía simple de vida

Jorge A. Meléndez Ruiz 

 
En igualdad de circunstancias, una solución simple siempre será mejor que una complicada. Claro, a veces la realidad impone complejidad en situaciones... y en soluciones.

Dwight (Ike) Eisenhower fue un excepcional líder norteamericano. Un general de 5 estrellas que fue el máximo jefe de las fuerzas aliadas durante la Segunda Guerra Mundial.

Pero también fue presidente de EU entre 1953 y 1961. Durante su mandato se establecieron las bases para crear la red interestatal de carreteras del vecino país, inició operaciones la agencia DARPA, que tuvo un rol fundamental en la creación del internet, y se fundó la NASA.

Bueno, hasta fue presidente de la Universidad de Columbia. De acuerdo con el autor James Clear, "Ike tuvo una habilidad increíble para ser productivo de forma sostenida".

Y una de sus herramientas de trabajo favoritas fue la "Caja de Eisenhower". Ésta funciona para cualquier actividad utilizando dos criterios: su IMPORTANCIA y su URGENCIA. Y luego pregunta: ¿es la actividad urgente? y ¿es importante? 4 cuadrantes, 4 estrategias:

1. Importante Y urgente: ¡hágala YA!

2. Importante Y NO urgente: decida cuándo la va a hacer.

3. Urgente Y NO importante: delegue (¿quién la hará por usted?)

4. NO urgente y NO importante: elimínela.

Una herramienta que le puede simplificar la vida y que tiene el poderoso atractivo de la simplicidad. Ah, y universalmente aplicable (véala en el gráfico adjunto).

¡Buenísima! Llevémosla a otros ámbitos. Aquí le van varias "cajitas de Eisenhower".


POLÍTICA: para todos los grillos mexicanos que les gusta hablar, proponer y hasta intentar ejecutar cualquier cosa. Dos preguntas: ¿Saben del tema? y ¿pueden hacer algo al respecto?

a. SÍ sabe y SÍ puede hacer: para de hablar, ¡hazlo ya!

b. SÍ sabe y NO puede hacer: ofrece tu ayuda al que puede.

c. NO sabe y SÍ puede hacer: infórmate (escucha, aprende).

d. NO sabe y NO puede hacer: ¡cállate!


PROBLEMAS: estamos inundados de ellos, ¿qué hacer? Dos preguntas: ¿qué tanto le afecta a usted o a su organización? y ¿qué tan graves son las consecuencias de no resolverlo?

1. SÍ afecta y SÍ es grave: ¡resuélvalo, a jalar!

2. SÍ afecta y NO es grave: programe su solución.

3. NO afecta y SÍ es grave: esté atento a sus efectos, no vaya a ser que cambie cómo le afecta.

4. NO afecta y NO es grave: olvídelo, no se angustie.


FINANZAS: ¡Tanto en qué gastar, tan poco dinero! Dos preguntas: ¿es un gasto grande? y ¿qué tanto le beneficia?

a. SÍ es grande y SÍ beneficia: evalúelo.

b. Sí es grande y NO beneficia: olvídelo.

c. NO es grande y SÍ beneficia: hágalo.

d. NO es grande y NO beneficia: ¿cómo andan sus ahorros?


TRABAJO: ¿Qué hacer si no está satisfecho en su chamba? Dos preguntas: ¿qué tanto le pagan? y ¿qué tanta movilidad tiene?

1. Mucho y mucha: piénselo.

2. Mucho y poca: ¡aguántese!

3. Poco y mucha: cámbiese.

4. Poco y poca: prepárese, estudie, cambie sus perspectivas.

Cerremos con algo más divertido. Y aclaro, es un chiste. Bueno, a veces entre broma y broma...


REGAÑOS EN CASA: ¿de qué tamaño será? Dos preguntas: ¿qué tanto la regó? y ¿está dispuesto a gastarle?

a. Mucho y SÍ está dispuesto: quizá lo perdonen.

b. Mucho y NO está dispuesto: prepare curitas y mertiolato.

c. Poco y SÍ está dispuesto: lo van a adorar siempre.

d. Poco y NO está dispuesto: ¡codo y aburrido!

Espero le sirvan estas simples cajitas. ¿Se le ocurre alguna otra? Mándemela y con gusto la compartiré por Twitter.



EN POCAS PALABRAS...

"Liderazgo es el arte de lograr que otro haga algo por ti porque él quiere hacerlo".

Ike Eisenhower 


lunes, 12 de enero de 2015

Renunciar


Abandonar cuesta, aunque nos cueste más no abandonarlo. El dicho de "mejor malo por conocido que bueno por conocer" es inverosímil: ¿cómo preferir lo malo a la posibilidad de algo mejor?

Horacio Marchand 

 
Debería existir una práctica para renunciar o eliminar cosas, actividades, intenciones, hábitos y relaciones; un ritual para sacudirnos de todo aquello que en el fondo no queremos, que no es de utilidad o peor: que nos resulta tóxico.

El problema frecuentemente no es la falta de ideas nuevas, sino cómo eliminar y desincorporar las ideas viejas, esas que gobiernan de manera silenciosa y dictatorial nuestros hábitos, fondos y formas, sin dejarnos crecer.

Lo mediocre ocupa el espacio de lo muy bueno, y si el espacio no se abre, no es posible que se asiente algo mejor. Renunciar libera recursos y no me refiero sólo al dinero: hay talento, intención estratégica, ancho de banda organizacional y, finalmente, horas de trabajo.

Abandonar cuesta, aunque nos cueste más no abandonarlo. El dicho de "mejor malo por conocido que bueno por conocer" es inverosímil: ¿cómo preferir lo malo a la posibilidad de algo mejor?

Es que es la propensión a proteger las inversiones emocionales realizadas la que nos tiene tomados. Es como un negocio al que ya se le ha invertido mucho y no ha dado o como seguir apostando en Las Vegas "porque he perdido mucho, para recuperarme".

Romper con el pasado puede ser equiparable a un entierro. Es difícil enterrar a alguien, a una idea, a un resentimiento, a una empresa, a una tecnología, a una relación y no se diga a una vieja versión de uno mismo. Hay que soltar y dejar ir o bruscamente cesar con responsabilidad, para capitalizar la fabulosa energía de lo nuevo.

El principio general de una estrategia es que implica renuncias. Sin renuncias no puede nacer una estrategia que, por su naturaleza, necesariamente demanda un enfoque claro. Cuando todo es importante, nada acaba siendo importante.

Es natural que los empresarios y directivos lo quieran todo. Pero perseguir muchos objetivos disminuye energía y potencia. A la hora de los emprendimientos y las innovaciones, ser "normal" es ser nada. Sin jerarquización no es posible obtener resultados de alto impacto.

Una organización que persigue muchos objetivos, que cambia de prioridades constantemente y que está atrapada en lo urgente, ya no puede ver lo importante. Lo importante está asociado a las oportunidades y detectarlas requiere de "sensores" que no estén dañados ni bombardeados por múltiples afanes.

Detectar una oportunidad, clarificar un diagnóstico y articular una dirección coherente son acciones que no pueden nacer en la hiperestimulación y en el bombardeo de urgencias. Vivir ocupado y acelerado es una forma de anestesia existencial que afecta a la sensibilidad para leer el entorno y disparar acciones de adaptación.

Un líder tiene en esencia dos responsabilidades: clarificar las prioridades y cerciorarse de que el talento y la infraestructura estén asignadas a ellas. Cuando hay claridad en la renuncia, implícitamente hay claridad en el objetivo.

Una forma de verlo es: la estrategia es el "qué", la clarificación del rumbo; la táctica es el "cómo", la consecución de actividades que ejecutan el ángulo competitivo; la cultura es el "quién" y el corazón que le da vida a la estrategia.

Por otro lado, el posicionamiento en el mercado requiere de una nitidez de concepto y de una claridad absoluta de lo que una marca promete y sobre todo ejecuta y entrega.

Para renacer, reinventar y revolucionar, hay que atreverse a morir en lo que ya no es, para dar espacio a lo que puede .

miércoles, 7 de enero de 2015

Plegaria

Armando Fuentes Aguirre


Un pedazo de tierra para posar mi planta, y ahí una huella sabia que conduzca la mía.

Un rincón en el cielo donde anidar mis ansias, con una estrella, para saber que Tú me miras.


Sobre mi frente un techo; bajo el techo una llama; un pan que nunca falte, y una esposa sencilla.

La esposa como el pan: alegre, buena, cálida; el pan como la esposa, de suavidad benigna.


Un amigo y un libro. Salud, pero no tanta como para olvidar que he de morir un día.

Un hijo, que me enseñe que soy Tu semejanza.


Sosiego en el espíritu... Gratitud en el alma...

Eso pido, Señor, y al final de la vida dártelo todo, a cambio de un poco de esperanza.

lunes, 5 de enero de 2015

Feliz hombre nuevo!

         
Armando Fuentes Aguirre


Los habitantes de Roma tienen una costumbre de año nuevo. El primer día de enero arrojan a la calle un objeto viejo, inútil y gastado: la plancha que ya no sirve; el televisor descompuesto; la escoba que con el uso se acabó...

Esa costumbre encierra un simbolismo. Se trata de comenzar el año sin todo lo que nos estorba, sin el lastre de lo que ya pasó.

Eso mismo quisiera yo hacer: ponerme frente a mi ventana y echar a la calle el peso inútil de los malos sentimientos. De ese modo podría empezar una nueva etapa sin esas turbiedades interiores que nos impiden estrenar vida al mismo tiempo que estrenamos año.

Me gustaría arrojar a la calle esos trastos inútiles, y que un viento renovador se los llevara. Si hiciera eso quizás el nuevo año me daría un abrazo al encontrarme y me diría con una gran sonrisa:

-¡Feliz hombre nuevo!