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viernes, 18 de julio de 2014

Perro contra la muerte, bajo al luna



Ángeles Mastretta

Estaba yo perdida en el abismo de una certidumbre, cuando el perro vino a exigirme que le abriera la puerta. Quería salir a la terraza en pos de algo que se le escapó de aquí dentro. En cuanto abrí, saltó. Lo vi correr tras una lagartija y atraparla, morderla, aventarla al cielo, verla caer. Todo en segundos. No alcancé a defenderla. Y era tan chiquitita como un prendedor. La naturaleza había crecido esa perfección para que el perro la destripara porque sí, para jugar. Luego entró muy en paz, con el deber cumplido, a pedirme un cariño.

“Aunque la tarde esté así de brillante”, le dije, “yo no alcanzo a ver claro. Tal vez nadie”. 

Por toda respuesta este perro, al que en secreto llamo Futuro, porque es gris y melancólico, se tiró panza arriba pidiendo más rascar. Él es de otro mundo, tal vez por eso se empeñe en recordarme de qué modo le resulta inevitable que yo termine el día trapeando, lo que provoca su criterio, cuando vienen visitas. 

Quién sabe a qué dictado obedece su instinto, pero le gustan dos esquinas en los cuartos con piso de madera, a las que acude apenas me distraigo. Y ya lo he regañado tantas veces, pero de manera tan ineficaz, que no ha aprendido a evitarlo, aunque sí a correr apenas me ve hincada con un trapo y una bandeja de agua, echando maldiciones contra mi mal corregir y su buen hacer. Ya no le digo nada, si acaso le pido que no tiemble como si alguna vez hubiera yo tomado una medida más radical que la de recetarle un discurso apelando a su entendimiento. No han conseguido nada mis reclamos. Dicen, quienes me ven decirlos, que no entiende ni la más mínima palabra. De todos modos, yo hablo con él de este y otros dilucidares, con una soltura que sólo sus orejas provocan. Nadie consiente más a mi albedrío verbal que su silencio intacto. Me deja en libertad para contarle una ridiculez, cantar estrofas que no me sé y preguntarle si él también piensa que los libros de memorias son un género menor. 

Es un perro tranquilo, de ahí que escuche con tantísima paciencia mis deliberaciones. Si acaso baja la mirada como si las cosas tristes lo pusieran a cavilar. O mueve la cola si en la voz nota un puño de conjuros. 

Como podrán ustedes leer en este número, en el mundo que nos rodea hay quien sabe tanto y con tal rigor de los asuntos que a todos nos lastiman que, para no interrumpir los datos duros, con interjecciones ociosas, guardo mi espanto para contárselo a él. 

“¿Sabes?”, le dije, “esto de las muertes y los muertos se ve cada vez más horrible. De sólo oír se quiere uno poner a dar de gritos. Hasta volverse mudo, como tú. Yo, para efectos de entender, soy perro, con las orejas quietas y los ojos de pasmo. ¿No oímos siempre que el mal es imperfecto? ¿Cómo es que ahora alcanza tal precisión? Porque ya no es como antes. No es algo que podría uno imaginar. Estos muertos. Al principio aparecían de repente, como un trastorno, como algo que pasaba en la bruma de los diarios. Nadie quería hacer mucho caso, ni nombrar a la muerte demasiado. Parecía cosa de esperar un poco, de ir a otra parte a entender otro cuento y volver cuando el daño se hubiera ido al vacío.

”Al principio no tenían cara, eran sombras y herían a otras sombras. Al menos eso quisimos creer los que no queríamos atisbar el horror. Yo, sin duda. No les vimos las caras a esos muertos, ni creímos que el brillo de las tardes estaría amenazado por su ausencia. Se oía de ellos como de los huracanes: mal de un rato y del que estar a salvo. Eran muertos de otra novela. Claro, daba dolor saberlo, pero aún se podía huir del recuento. Y podíamos creer en que todo era un pleito de malos contra malos, de sordos contra mudos.

”Hace tres o dos años conseguíamos espantar el espanto. Ahora ya parece imposible. Se ha vuelto sólo el mal haciendo mal. Nos duró poco la ignorancia. Porque las fosas, el fuego, los colgados, los sin cabeza: esto que nos aflige, dejó de ser murmullo. Hace rato que no se puede mirar para otra parte. Ni siendo perro se puede. Aunque, a veces, cuando Rosario toca el piano, todo parezca bueno entre nosotros. Y tú quieras comer en paz hasta la última croqueta y luego irte a tirar bajo la luna acariciando el semicírculo en que duermes. Igual que yo, ¿verdad?”. 

miércoles, 9 de julio de 2014

Las palabras finales de una persona




Las palabras finales de una persona, las últimas que pronuncia antes de morir, se reciben siempre como la cifra de un destino. Sean profundas o, al menos en apariencia, banales, se las toma como condensación del sentido de una vida o de una personalidad entera. 

Aquí agregamos unas:


Una de las más famosas de la historia nos lleva a Roma, en particular a Julio César, quien, desilusionado por encontrar al hijo de quien había sido su amante entre los asesinos que lo abordaron en el Senado, exclamó: "¿Tú también, Bruto?". 


En su hora final, en cambio, el más egocéntrico Nerón exclamó al parecer: "¡Qué artista muere conmigo!".



Con delicadeza femenina, Ana Bolena, condenada a ser decapitada por falsos cargos presentados por su marido, el temible rey Enrique VIII, prometió a su verdugo: "No le dará ningún trabajo: tengo el cuello muy fino". 



Las palabras finales de dos importantísimas figuras en la conformación de los modernos países de América Latina (durante el siglo XIX) indican similar tristeza y frustración. Bolívar expresó un lapidario: "He arado en el mar". Y Manuel Belgrano se lamentó:"¡Ay, Patria mía!".



Al ser encontrado en su refugio donde se mantenía escondido, Ernesto Che Guevara instruyó al sargento que iba a dispararle:"Póngase sereno y apunte bien: va usted a matar a un hombre" .


Pasando al mundo de la literatura, el crítico literario Marcelino Menéndez Pelayo evaluó: "¡Qué pena morir, cuando me queda tanto por leer!".



Pragmático, Lewis Carroll ordenó a su enfermera: "Quíteme esta almohada. Ya no la necesito". François Rabelais también trató de mantener el control: "¡Que baje el telón, la farsa terminó!" . 



Para terminar y a diferencia de todos los casos anteriores, el escritor Henry James mostró cierta expectativa; dijo, presumiblemente con algún alivio, "Al fin, esa cosa distinguida".

martes, 8 de julio de 2014

Cuando muere un piano



Eduardo Caccia

(6-Abr-2014).- 12:00 AM.

Destruir para crear es un tema abordado por el arte, también por economistas, como el austriaco Schumpeter, que desde 1942 vio a la innovación como un proceso donde nuevos productos destruyen viejos negocios. Aquí, como en la naturaleza, el ciclo vida-muerte es latente.


Beethoven compuso en las postrimerías de su vida una de sus obras insignia, Missa Solemnis, o Sinfonía Triste. En una carta dirigida a un fabricante de arpas, intentó vender la partitura para solventar angustias financieras. No hubo comprador, lo que seguramente agravó la depresión y la salud del genio.



Como si la esencia de las cosas viajara en el tiempo, "Sinfonía Triste" es el nombre de la instalación que el artista plástico Emanuel Tovar, expone en Diéresis, centro de cultura contemporánea.



Emanuel se entera de que un matrimonio de músicos está vendiendo instrumentos por presiones financieras. Acude a ver la oferta y le interesa una pieza que no está en venta; un viejo piano de cola que ha acompañado a la pareja desde hace 20 años, instrumento que adquirieron con los recursos destinados a su boda; los dueños le nombran "piano de compromiso". El artista cuenta sus intenciones y convence a ella. La pareja será incluso parte de la obra.



Durante un video, testimonio y pieza clave de la instalación, la ex dueña del instrumento, toca la Missa Solemnis con soltura. A los pocos minutos, y junto al piano, un maestro de obras mezcla cemento en una carretilla. La pianista está concentrada en la partitura. El albañil agrega agua y arena. Los martinetes y las cuerdas se mueven armónicamente al aviso de los dedos. Con habilidad gemela, otras manos van dando espesura a una masa gris. Mientras ella revive los sonidos de Beethoven, el hombre empieza a verter la viscosidad al interior del piano. Ella no se inmuta. Él la ignora.


Como un anciano que se despide de la vida, el piano hace esfuerzos lastimeros, quizá como el genio perdiendo el oído. Ella hace énfasis en algunas teclas que empiezan a sonar ahogadas. El cemento abarca más paños, poco a poco va inmovilizado la maquinaria.



Días antes ella escribió una carta. El documento es parte de la obra y la dirige a "Querida conciencia mía". Es un documento exculpatorio y conmovedor donde manifiesta lo que el piano ha significado en su vida y la de su pareja, quien enferma (y prefiere ausentarse del evento) presumiblemente por la angustia que le provoca separarse del piano. En una profunda reflexión, la pianista equipara el desprendimiento del piano a la reciente muerte de su madre. Por ella se hizo pianista. La madre, a falta de piano, le dibujaba un teclado en una cartulina blanca y simulaba con la voz el sonido de las teclas, para que la hija ensayara. Recordando a su mamá, la pianista reflexiona que la vida no es eterna; deduce que los pianos también deben morir.



Mientras sigue tocando, intuye que su piano, como el recuerdo de su madre, será eterno al convertirse en algo nuevo. Las notas suenan cada vez más deformes y el hombre del cemento echa los últimos grumos sobre un piano exhausto, casi mudo, de sonidos tan tristes que es inevitable imaginar lo que diría Beethoven. Los objetos se transfiguran, cambian de valor. ¿Qué pensaría de saber que aquella carta donde ofrecía su sinfonía ahora vale 150 mil euros?



La pianista da un último golpe al teclado. El rigor mortis produce un silencio, el piano se ha convertido en su propio sepulcro. El momento tiene la solemnidad de un sepelio y la esperanza del génesis. Ha surgido otro objeto y del hecho han brotado estas letras, incluso tu lectura. Acude López Velarde al funeral: "Me pareces, oh piano, por tu voz lastimera,/una caja de lágrimas, y tu oscura madera/me evoca la visita del primer ataúd...".



Ella ha quedado sin piano, pero no sin talento. Algunos condenarán el hecho, otros verán el ciclo de la creación. Desde un nuevo teclado, pronto una mujer evocará la cartulina de piano de su infancia. Una nota anunciará la vida.

miércoles, 11 de junio de 2014

Mujeres que corren con los lobos

 Citas tomadas del libro

2da Parte
por Clarissa Pinkola Estés, Analista Junguiana
 


Hay muy pocas cosas correctas/incorrectas o buenas/malas en este mundo. Existe, sin embargo, lo útil y lo no útil. También hay cosas que a veces son destructivas, así como cosas productivas. 

Es peor quedarse donde uno no pertenece en absoluto, que vagar perdido por un tiempo y buscar el parentesco psíquico y espiritual que uno requiere. Nunca es un error buscar lo que uno requiere. Nunca. 

Cuando estás conectado con el yo instintivo, siempre tienes por lo menos cuatro opciones: las dos opuestas, la opción de en medio, y "contemplándolo mejor..." 

¿Con qué alimenta uno a la intuición para que esté consistentemente nutrida y que responda a nuestras peticiones de escudriñar el ambiente? Uno la alimenta de vida —uno la alimenta de vida mediante escucharla. 

Aunque el exilio no es algo que se desee por diversión, hay una ganancia inesperada en él: son muchos los regalos del exilio. Saca la debilidad a golpes, hace desaparecer los plañidos, habilita la percepción interna aguda, acrecienta la intuición, otorga el poder de la observación penetrante y una perspectiva que "el de adentro" nunca podría lograr. 

El trabajo profundo se parece mucho a la excitación sexual. Comienza de cero, se acelera en altiplanos, se vuelve sostenido e intenso. Si los altiplanos son interrumpidos de golpe (imagina un ruido fuerte e inesperado), deberás comenzar todo de nuevo. 

Uno de los asuntos menos discutidos de la individuación es que conforme arrojas luz en la oscuridad de tu psique tan intensamente como puedas, las sombras, donde no hay luz, se vuelven aún más oscuras. Así, al iluminar una parte de la psique, resulta una oscuridad más profunda con la cual luchar. Esta oscuridad no debe ignorarse. La clave, las preguntas, no pueden esconderse ni olvidarse. Deben ser postuladas. Deben ser respondidas. 

¿Puede un aspecto negativo de la psique ser reducido a cenizas con ser observado y observado? Sí, en efecto. Mantener el asunto en constante conciencia puede causar que se deshidrate. 

...tomar un poquito de aquí y ponerlo allá. La transformación no es más complicada que eso. 

Estar ligado a nuestra intuición promueve una dependencia confiable en ella, sin importar lo que suceda. Cambia la actitud guía de la mujer, de "lo que será, será" a "déjame ver todo lo que hay que ver". 

La naturaleza instintiva tiene la milagrosa habilidad de sobrevivir a todo beneficio positivo, a toda consecuencia negativa, manteniendo con todo una relación con el yo y con otro. 

Para amar el placer se requiere de muy poco. Para amar verdaderamente se requiere de un héroe que pueda manejar su propio miedo. 

Con miedo o no, es un acto del más profundo amor permitirse a uno mismo ser movido por el alma salvaje de otro. En un mundo donde los humanos tienen tanto miedo a "perder", hay demasiados muros que nos protegen de disolvernos en lo numinoso de otra alma humana.

Muchas veces he escuchado a un hombre decir que tiene una "buena mujer" enamorada de él y él de ella, pero que simplemente no puede "soltarse" lo suficiente para ver lo que realmente siente por ella. El punto crítico para tal persona es cuando se permite a sí mismo amar "aún cuando"... Aún cuando tenga punzadas, aún cuando se sienta nervioso, aún cuando haya sido herido antes, aún cuando sienta miedo a lo desconocido.

A veces no hay palabras para alentar la valentía. A veces debes simplemente saltar. En algún punto de la vida de un hombre debe haber un momento en el que confíe que el amor lo conduzca, un momento en el que sienta más miedo a quedar atrapado en algún lecho seco de río en la psique, que estar afuera en un territorio exuberante pero inexplorado. Cuando una vida es demasiado controlada, cada vez habrá menos vida que controlar. 

Si es amor lo que estamos haciendo, aún cuando nos sentimos aprehensivos o asustados estamos dispuestos a tocar lo no hermoso [y también lo todavía no hermoso] en el otro y en nosotros mismos.

¿Qué es lo no hermoso? Nuestra hambre secreta de ser amados es lo no hermoso. Nuestro desuso y mal uso del amor es lo no hermoso. Nuestra falta de lealtad y devoción es poco amorosa, nuestro estado de separación del alma es feo, nuestras verrugas psicológicas, nuestras insuficiencias, malos entendidos y fantasías infantiles son lo no hermoso. Por añadidura, la naturaleza de Vida/Muerte/Vida que da a luz, destruye, incuba y vuelve a dar a luz, es considerada no hermosa por nuestras culturas. 

De alguna manera y en algún lugar dentro de las delicadas capas del ser que es creado cuando dos personas se aman, hay tanto un corazón como un aliento. Mientras un lado del corazón se vacía, el otro se llena. Cuando un aliento termina, otro comienza. 

El amor en su forma más plena es una serie de muertes y renacimientos. Soltamos una fase, un aspecto del amor, y entramos en otra fase. La pasión muere y es traída de regreso. El dolor es ahuyentado y resurge en otro momento. Amar significa abrazar y al mismo tiempo soportar muchos, muchos finales y muchos, muchos comienzos —todo en la misma relación. 

Cuando un hombre entrega todo su corazón, se convierte en una fuerza sorprendente —se convierte en inspiratriz, un papel que en el pasado estaba reservado sólo para las mujeres. Cuando la Mujer Esqueleto (la naturaleza de Vida/Muerte/Vida) duerme con él, el hombre se vuelve fértil, dotado de poderes femeninos en una atmósfera masculina. Lleva consigo la semilla de vida nueva y de las muertes necesarias. Inspira nuevos trabajos en sí mismo, pero también en quienes le rodean. 

Si pudiéramos darnos cuenta de que el trabajo es seguir haciendo el trabajo, seríamos mucho más feroces y estaríamos mucho más en paz.

Mujeres que corren con los lobos

Citas tomadas del libro

Primera parte

por Clarissa Pinkola Estés, Analista Junguiana


La diferencia entre vivir desde el alma y vivir sólo desde el ego radica en tres cosas: la habilidad de percibir y aprender nuevas maneras, la tenacidad de atravesar senderos turbulentos y la paciencia de aprender el amor profundo con el tiempo. Sería un error pensar que se necesita ser un héroe endurecido para lograrlo. No es así. Se necesita un corazón que esté dispuesto a morir y nacer y morir y nacer una y otra vez. 

Ser nosotros mismos nos causa ser exilados por muchos otros. Sin embargo, cumplir con lo que otros quieren nos causa exilarnos de nosotros mismos.

Independientemente de las afiliaciones o influencias colectivas, nuestro reto a favor del alma salvaje y de nuestro espíritu creativo es no fusionarnos con colectividad alguna, sino distinguirnos de quienes nos rodean, construyendo puentes para regresar a ellos según elijamos. 

No podemos controlar quién nos trae al mundo. No podemos influir en la fluidez con que nos educan. No podemos obligar a la cultura a volverse instantáneamente hospitalaria. Pero las buenas noticias son que, aún después de ser heridos, aún en un estado feral, aún incluso en un estado hasta el momento de captura, podemos recuperar nuestras vidas. 

Si permanecemos sólo como sobrevivientes sin avanzar hacia el florecimiento, nos limitamos y cortamos la energía hacia nosotros y nuestro poder en el mundo a menos de la mitad. Uno puede sentirse tan orgulloso de ser sobreviviente que se convierte en un peligro para cualquier desarrollo creativo posterior. A veces las personas temen avanzar más allá del status de sobreviviente, por ser exactamente eso —un status, una marca de distinción, un logro de "¡Maldita sea! ¡Apuesta lo que quieras! ¡Más vale que lo creas!"
Una vez que la amenaza ha pasado, existe una trampa potencial en usar nombres asumidos durante la época más terrible de nuestras vidas. Crea una postura mental que es potencialmente limitante. 

Ser fuerte no significa hacer brotar músculos y flexión. Significa encontrarse con lo numinoso de uno sin huir, viviendo activamente con la naturaleza salvaje de una manera propia. Significa ser capaz de aprender, ser capaz de sostener lo que sabemos. Significa sostenerse y vivir.

Quienes no encuentran deleite en aprender, quienes no pueden sentirse atraídos por nuevas ideas o experiencias, no podrán desarrollarse más allá del punto en el camino donde descansan ahora. Si hay una sola fuerza que alimente la raíz del dolor, es el rehusarse a aprender más allá del momento presente. 

En nuestra vida, aún cuando un episodio resulte en una caída fuerte o una quemadura seria, siempre hay otro episodio esperándonos, y luego otro. Siempre hay más oportunidades de hacerlo bien, de labrar nuestra vida del modo en que merecemos tenerla. No pierdas tu tiempo odiando un fracaso. El fracaso es mejor maestro que el éxito. Escucha, aprende, sigue adelante. 

La mejor tierra para sembrar y hacer crecer algo nuevo otra vez está en el fondo. En ese sentido, tocar fondo, aunque extremadamente doloroso, es también el terreno de siembra. 

Se nos ha enseñado que a la muerte siempre le sigue más muerte. Simplemente no es así. La muerte siempre está en proceso de incubar nueva vida, aún cuando nuestra existencia haya sido cortada hasta los huesos. 

Para la mayoría de las mujeres, dejar morir no va en contra de su naturaleza, tan sólo en contra de su entrenamiento. 

Como en el sueño, la naturaleza de Vida/Muerte/Vida en su forma más salvaje es tan simple como una graciosa exhalación (final) e inhalación (principio). La única confianza requerida es saber que cuando hay un final habrá otro comienzo. 

Si vivimos como respiramos, tomando y soltando, no podremos equivocarnos. 

Para poder ver la dirección correcta, debemos ser capaces de ver las equivocadas. 

Adicción es cualquier cosa que reduce la vida mientras la hace "parecer" mejor. 

Por lo general cada miedo tiene tres partes: una parte es un residuo del pasado (siendo esto a menudo una fuente de vergüenza), otra parte es una carencia de certidumbre en el presente, y otra parte es miedo a un resultado deficiente o a consecuencias negativas en el futuro.